Psicología de las emociones: el asco

Al hablar de emociones, el asco es la gran olvidada. Y, también, injustamente infravalorada. Hoy la convertimos en objeto de nuestro interés, no por capricho, sino para poner en valor su importante papel.

 

El asco: una emoción básica


Como decíamos, el asco es una de las emociones básicas del ser humano. Es decir, está incluido dentro de ese selecto grupo de respuestas cognitivas, afectivas y conductuales frente a un estímulo, que compartimos todas las personas, independientemente de condicionantes sociales o culturales.

 

Y es que, hay que recordar que emociones hay muchas. Pero, en no pocas ocasiones estas respuestas emocionales son distintas en función de nuestro proceso de aprendizaje, socialización y las propias experiencias. Estas son las llamadas emociones complejas, generalmente, formadas por la confluencia de distintas emociones básicas.

 

Bien, el asco es una de esas respuestas innatas y universales. ¿Más importante que las otras? No exactamente, porque esto no es una competición. Todas las emociones cumplen funciones esenciales. Sobre todo, son una herramienta imprescindible para nuestra supervivencia, en dos sentidos:

 

  • Nos ayudan a adaptarnos.
  • Sirven para que socialicemos, expresando y compartiendo con otros lo que sentimos ante una situación.


La importancia de experimentar asco


¿Por qué tenemos una reacción de repugnancia inmediata cuando una comida huele mal? Pues, porque el organismo se está defendiendo ante una posible toxicidad que podría afectar seriamente a nuestra salud. Por eso, como destacábamos antes, el asco es una emoción básica. Hasta un niño pequeño, en cualquier rincón del planeta, tiene esta respuesta automática.

 

Sin embargo, siguiendo este ejemplo de la comida y el asco, surgen ciertas dudas sobre esa universalidad. En nuestra cultura, el mero pensamiento de comer insectos genera repugnancia. Un alimento considerado una exquisitez en otras zonas geográficas.

 

Así que, en principio, parecería que el asco tiene un claro componente contextual o aprehendido. Y, por tanto, no sería una emoción básica. Pero, aquí lo importante sería poner el foco en el tipo de reacción que implica. Es decir, todos hacemos prácticamente los mismos gestos y aspavientos cuando algo nos da asco. Ese aviso compartido que alerta a los demás para que también se alejen de ese peligro.

 

Lo que ha sucedido es que, a lo largo del proceso evolutivo de la humanidad, el asco ha ido haciéndose más complejo. Probablemente, se ha adaptado a los contextos específicos de cada grupo humano y han surgido esas diferencias. Una forma de que esa alerta protectora sea aún más efectiva.

 

Aprende a manejar tu sentimiento de aversión


Sería muy injusto reducir el papel del asco a ese rechazo a alimentos, sustancias u objetos. Es común experimentar repugnancia, además, ante una herida infectada, un espacio con total falta de higiene o ciertos animales, sobre todo, insectos. En todos estos supuestos, está claro que se mantiene esa función de alerta ante un posible peligro.

 

Sin poner en duda la importancia del asco, hay que señalar que, como todas las emociones llevadas al extremo, podría tener consecuencias negativas. Insistimos que se trata de situaciones excepcionales, en las que la animadversión ante algo concreto se vive de manera excesiva.

 

  • Sería una de las causas que originan algunas fobias (arañas, ratas o cucarachas), incluso la fobia social.
  • Explica ciertas formas de TOC, como la de lavarse continuamente las manos.
  • Puede generar alteraciones alimentarias, entre otras, el Trastorno de Aversión Alimentaria Selectiva.


La repulsión intelectual


Finalmente, desde Pensaments Psicólogos Mallorca, no queremos dejar pasar de largo una peculiaridad relacionada con el asco. Y es que, la evolución de esta emoción llega, también, al mundo de las ideas y de los comportamientos. La violencia ante un indefenso o la injusticia ejercida sobre los vulnerables son dos supuestos ante los que es frecuente experimentar asco. Rechazando estas conductas, estaríamos protegiendo nuestro modelo de sociedad con sus valores morales y éticos.

 

No obstante, este es un aspecto especialmente delicado. Porque, las influencias culturales, religiosas o sociales, pueden llevar a determinadas personas a sentir asco ante las relaciones homosexuales o a relacionarse con individuos de otras etnias, por citar dos ejemplos.

 

Este asco “ideológico” merece el máximo rechazo. De hecho, está en la base de los peores momentos vividos por la humanidad: el nazismo y el holocausto, los genocidios de distintas tribus, el apartheid sudafricano, entre otros dolorosos episodios de la Historia.


La empatía y el respeto son los instrumentos más eficaces que todos tenemos a nuestro alcance para frenar este supuesto extremo e injustificado de asco o rechazo.

 

El asco es una emoción tan válida y necesaria como la alegría o la felicidad, aunque tenga peor imagen que estas. Si crees que necesitas ayuda en tu gestión de las emociones, no dudes en contactar con nuestra consulta.

Marian Batle

Directora de Pensaments Psicólogos Mallorca

Psicóloga Colegiada B-01444

Centro sanitario autorizado n. 4036

Tel. y Whatsapp: 638 54 00 60

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Soy Marian Batle, psicóloga general sanitaria (COPIB B-01444) y directora de Pensaments Psicólogos Mallorca. Estoy especializada en Terapia Cognitivo-Conductual, Neurociencias, Terapias de Tercera Generación (ACT) y EMDR.

Acompaño cada proceso desde enfoques con base científica, para que el cambio se traduzca en una vida más plena y consciente.