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Heridas de la infancia: cómo identificarlas y curarlas

Todo lo que vamos viviendo nos deja huellas. Pero, las heridas de la infancia suelen ser más determinantes porque, en muchos casos, nos han pasado desapercibidas. No somos conscientes de hasta qué punto han afectado a nuestro comportamiento y nuestro equilibrio emocional. Por eso, es tan importante saber identificarlas y tratarlas.

 

¿Qué son las heridas de la infancia?


Seguro que, a poco que te mires, encuentras una cicatriz física que es el resultado de una caída o de una trastada que hiciste cuando eras niño. Con las heridas de la infancia en el plano emocional ocurre algo similar. Son el resultado de vivencias dolorosas que tuviste en tus primeros años y que te han dejado una huella afectiva. En otras ocasiones, son consecuencia de una interpretación distorsionada de un hecho, en una edad temprana en la que no disponías de herramientas para entender esa situación.

 

Sea cual sea el origen, lo cierto es que esas heridas de la infancia han acabado influyendo en tu comportamiento como adulto. Por supuesto, el nivel de gravedad de esas experiencias negativas es proporcional al daño que te han ocasionado. Es indudable que los casos de maltrato o abuso infantil tienen una repercusión mucho más profunda que el divorcio de tus padres, por ejemplo.

 

Sin embargo, todas las heridas de la infancia deben ser identificadas, ya que se trata del paso previo para poder superarlas.

 

Las principales heridas emocionales con origen en la infancia


Ser capaz de identificar las heridas de la infancia es esencial para entender lo que te pasa, tus reacciones o disfunciones emocionales. Pero, es igual de importante como medida preventiva. Es decir, para evitar que tus hijos u otros niños tengan que pasar por estas dificultades. Estas son las más habituales.

 

1. La sensación de abandono


El apego seguro es el mecanismo más completo para establecer los primeros vínculos afectivos en las etapas tempranas de la vida. Otras formas de apego generan en los niños carencias afectivas que repercuten en su manera de establecer relaciones personales cuando son adultos.

 

En este contexto, un pequeño que no se ha sentido arropado y acompañado, que ha vivido en su infancia una sensación de soledad, es probable que desarrolle problemas de dependencia emocional. Su mayor temor es el de ser abandonado y viven con ansiedad la posibilidad de una ruptura de pareja.

 

2. El pánico a ser rechazados


A menudo, en Psicología, los límites entre un problema afectivo y otro son muy sutiles. Incluso, van estrechamente ligados y es casi imposible distinguirlos. Es el caso de la herida provocada por el abandono, antes citada, y esta, en la que nos referimos al temor al rechazo.

 

En este caso, la principal cicatriz que queda es la de la baja autoestima. El niño que se sintió rechazado en la infancia, es un adulto que piensa que no se merece la atención o el cariño de otras personas. Generalmente, son personas huidizas, poco dadas al establecer compromisos emocionales y que se mueven en cierto aislamiento social.

 

3. Heridas de la infancia por humillación


Niños educados en un ambiente en el que predominaba la crítica y la desaprobación hacia ellos, son adultos con poca autoestima y, en numerosas ocasiones, con problemas de dependencia emocional. Pero, también, como mecanismo de defensa, pueden convertirse en perfiles cercanos al narcisismo, la intolerancia o cierto grado de tiranía y agresividad.

 

4. La huella emocional de la traición


Es una de las heridas de la infancia más frecuentes. Progenitores, educadores o ambientes sociales en los que se hicieron promesas que no se cumplieron. Y, sobre todo, que no hubo una explicación del porqué de ese incumplimiento. También, entran en este apartado las mentiras o, incluso, la falta de protección. La consecuencia de esta herida es el desarrollo de personalidades controladoras.

 

5. El desprecio hacia el otro


Finalmente, no podemos dejar de citar uno de los supuestos más graves de las heridas de la infancia. Es el que se relaciona con el maltrato, en un mayor o menor grado. Un niño que ha recibido un trato hiriente con insultos y castigos severos, más aún si hay gestos de violencia, suele convertirse en un adulto con conductas antisociales. La vida es una especie de enfrentamiento continuo con los demás y hay que estar alejado o, como poco, a la defensiva.

Estos son 5 ejemplos muy representativos para entender qué son las heridas de la infancia y cómo influyen en nuestra evolución como adultos. En Pensaments Psicólogos Mallorca te lanzamos un mensaje en positivo.

 

Porque todas estas cicatrices se pueden tratar, desde una atención psicológica personalizada. Ya has dado el primer paso, si te has sentido identificado con alguna de estas situaciones. Con paciencia, sinceridad y ganas de evolucionar es posible superar las heridas de la infancia.